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PULSERA SÍMBOLO URANTIA Ampliar

PULSERA SÍMBOLO URANTIA

PULSERA DE MACRAME AZUL CON EL SÍMBOLO DE URANTIA EN PLATA DE LEY  DE 925 ML.
EL SÍMBOLO MIDE 2 CMS DE CIRCUNFERENCIA.

LAS BOLITAS DECORATIVAS Y AQUELLAS QUE SE ENCUENTRAN EN LOS EXTREMOS SON TAMBIEN DE PLATA DE LEY DE 925 ML.

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836

12,00 €

HISTORIA:

La palabra Urantia es originaria del Libro de Urantia, y es el nombre que en él se da al planeta Tierra. Urantiano es así sinónimo de Terrícola. Algunas veces se utiliza este término para referirse a un lector del libro o a algún movimiento inspirado en él.

El Libro de Urantia fue publicado sin nombre de autor humano. Según la Fundación Urantia a principios de la década de 1920 el Dr. William Sadler coordinaba un foro que «conforme pasó el tiempo se convirtió en una reunión cosmopolita que consistía de hombres y mujeres profesionales —doctores, abogados, dentistas, ministros, maestros— junto con individuos de todo tipo —granjeros, amas de casa, secretarias, oficinistas y trabajadores comunes—», este foro generó la comisión de contacto que recibió los documentos de Urantia.

El Libro de Urantia declara la existencia de un Dios trino, personal, autoconsciente y volitivo que es creador y sostenedor del Universo y está motivado —en la relación con sus criaturas— primordialmente por el Amor. Define Amor como el deseo de hacer el bien a los demás. Declara que en lo que respecta a las criaturas del universo Dios es, ante todo, un Padre.

Si bien tiene semejanzas con el cristianismo no es una extensión ni una escisión de él. Presenta una nueva perspectiva de los dogmas de la Trinidad y la divinidad de Jesús de Nazaret, y describe una personalidad de mente universal coordinada con la divinidad de Jesús: el Espíritu Creativo del Universo Local —al cual se le puede equiparar a una madre en términos espirituales—; pero niega dogmas cristianos como la doctrina del pecado original, la expiación, el infierno, el purgatorio y la resurrección de la carne, aunque ofrece explicaciones para estas posturas teológicas.

Describe al universo maestro como centrado en la Isla Eterna del Paraíso, punto focal y morada eterna de la deidad. Informa sobre la existencia de un universo central, llamado Havona, que envuelve a la Isla del Paraíso formado por mil millones de mundos organizados en siete niveles concéntricos. Tanto el Paraíso como Havona son descritos como co-eternos con la deidad, así como todos los habitantes nativos de ese universo central.

En torno a este universo central giran siete supercreaciones del tiempo y el espacio, los siete Superuniversos en proceso de creación y evolución. Cada superuniverso se organiza en diez sectores mayores, cada sector mayor en cien sectores menores, cada sector menor en cien universos locales, cada universo local en cien constelaciones, cada constelación en mil sistemas locales y cada sistema a su vez es integrado por hasta mil planetas habitados. Según esta decripción Urantia es el planeta 606 del sistema de Satania en la constelación de Norlatiadek del universo local de Nebadón; Nebadón es un universo local del sector menor de Ensa en el sector mayor Splandón en el séptimo superuniverso, Orvontón.

Los siete superuniversos fueron creados, cada uno, a imagen de una de las posibles combinaciones de las tres personas de la Deidad: Padre, Hijo, Espíritu, Padre-Hijo, Padre-Espíritu, Hijo-Espíritu y Padre-Hijo-Espíritu y en cada uno se desarrolla primordialmente uno de los siete propósitos de la deidad. Más allá de los siete superuniversos existen los niveles del espacio exterior donde se está acumulando y organizando materia pero donde aún no hay vida. Cada nivel es notoriamente mayor que el anterior en extensión y potencialidad de materia contenida.

La elevación y espiritualización de la criatura material hasta el nivel de perfección paradisíaca, a través de un nivel intemerdio que llama morontial, es el propósito primordial del superuniverso de Orvontón y es el tema central de la revelación de Urantia.

El Libro de Urantia sostiene que cada ser humano en este planeta cuya mente sea normal —esto es: que sea capaz de decisión moral— y haya cumplido los seis años de edad, está habitado por un fragmento absoluto cualificado del Padre Universal. Dios mismo reside en la mente de cada persona compartiendo y experimentando todas sus emociones, pensamientos, sentimientos, alegrías, tristezas, temores y ansiedades con la meta de funcionar como guía inspiradora de la personalidad, pero actúa únicamente cuando la criatura —haciendo uso de su libre albedrío— busca esa guía. Este fragmento residente realiza una copia de toda experiencia que sea de valor espiritual y la conserva para que sea parte integral de la criatura al despertar tras la muerte física.

Define el pecado como la oposición consciente y voluntaria a la voluntad del Padre, la voluntad consciente y deliberada de hacer el mal a otras criaturas personales en contraposición a los deseos del Padre Universal de un reino espiritual del bien; y hace referencias constantes a nuestra búsqueda de la verdad en la realización de la voluntad de Dios. Indica que la remisión de los pecados debe entenderse como el restablecimiento de las relaciones leales entre la criatura y su creador.